Se quedó corta la Secretaria de Salud en su denuncia sobre el problema de las ambulancias. Primero, por que se limitaron a evaluar únicamente la dotación, lo cual por supuesto que es importante, pues una ambulancia debe tener insumos adecuados para prestar primeros auxilios, pero no determinaron si contaban con personal medico y paramedico capacitado para usarlos eficazmente.  De que sirve un laringoscopio en una persona si no sabe usarlo con destreza, tal como exige una situación de urgencia (un accidente de noche en una carretera, por ejemplo).

Pero además, lo que si es queja publica, es la cantidad de ambulancias pitando a toda velocidad por las calles de Barranquilla, como si estuviéramos en guerra. Hace unos días una ambulancia de la Cruz Roja que quería parquear en la angosta carrera 47 que da entrada a la Clínica Reyna Catalina, dio reversa en contra de mi vehículo para que le diera paso a la brava, siendo que tenia vehículos detrás de mi. Por unos milímetros no me golpea a pesar de que reversé lo que pude rápidamente.  Al reclamarle al conductor, me soltó un “haga lo que quiera”, frase agresiva común ya en esta ciudad.  Y su prisa era para bajar a un paciente tranquilo, en silla, quien tenía un examen de consulta externa, remitido de otra IPS que no cuenta con ese recurso, y no el moribundo que uno supone.

No hay tal abundancia de ambulancias, sino que son las mismas que deben hacer múltiples viajes en el menor tiempo posible para sacarle provecho a la inversión. Algo así como guerra de centavos en ambulancias.  Se pelean además por llegar de primero al accidente con el fin de “entregar” a los heridos a las clínicas que, según denuncia reciente en El Heraldo,  dan un estipendio a los que lo hagan.

Todas estas situaciones que vivimos en la salud, no son mas que fruto de la mercantilización de le medicina que nos trajo la ley 100 del 93.  Este ejemplo de las ambulancias es solo la punta del iceberg de la mercantilización: si la gente supiera lo que ocurre dentro de muchas clínicas (IPS) y con las EPS, quedarían estupefactas.  Reutilización de insumos desechables, fragmentación de dosis, cambios de antibióticos por menor costo, demoras mortales en tratamientos (de cáncer, de aneurismas cerebrales, etc.), cirugías innecesarias, retención y descuentos de hasta el 40% de honorarios médicos por “usar” las instalaciones, coacción para limitar paraclinicos y muchas cosas mas.  Y a nivel administrativo de la salud, ni se diga, pues ya es de todos conocidos el descalabro de Redehospitales, la inoperancia de los consejos regionales de seguridad social (a punto de ser eliminados por ley 1122-07 que reforma nuevamente la salud) y la feria de contratos (ver Arturo Sarabia. El Heraldo. 2 jul-07) que se avecina con los recursos de la estampilla del 1,5% sobre inmuebles otorgados a dos empresas recién creadas con capital exiguo e inexpertas para manejar 60000 millones de pesos en salud pública de Barranquilla.

¿Dónde están las Sociedades medicas para denunciar estas situaciones¿ Si no fuera por ANTHOC, sindicato de salud de trabajadores de base, no habría ni el mas mínimo conocimiento de lo que ocurre, aunque esta entidad se limita a veces, con razón, a pelear por sus salarios requetevencidos, quitándoles tiempo y credibilidad para denuncias mayores. Además no cuenta ANTHOC con el apoyo de los médicos, quienes tenían a ASMEDAS como una asociación que medio servía de frente de denuncias, pero la ley 50 del 80 (contratación temporal) y el cierre del ISS, acabó con Asmedas y está acabando con ANTHOC. Una sociedad sin entes de control naturales (como sindicatos, asociaciones, ONGs, juntas comunales) queda sin voz pública, solo a merced de los buenos periodistas o de los controles politizados que da nuestra Constitución. Eso no es bueno ni democrático.

 

Alvaro Jurado Nieto (md)

Coord. Político  Poder Ciudadano Atl.

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